Los dogmas religiosos no le satisficieron nunca. Todos, sin excepción, enfocaban la eternidad, la libertad completa del espíritu, hacia adelante. Para él estaba todo mucho más claro. La posibilidad de volver es la clave de la libertad, de la eternidad; la capacidad de volver atrás y enmendar sus errores, u observarlos en su proceso de hechura, los movimientos de su cara mientras mentía, en lenta sucesión uno tras otro. La libertad del espíritu es verse, y soportarse.
Convencido como estaba, se suicidó, sin miramientos, en la cocina.
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